Me invitaron a almorzar

Últimamente he estado yendo a ferias enfocadas en el no utilizar plástico de un solo uso, como bolsas del supermercado, pajillas o cualquier plástico que vaya a dar a la basura. Las ferias son todo un asunto, va uno con toda la expectativa de cómo será, ninguna feria es igual.

El sábado pasado asistí al Festival Ecológico «No a las bolsas plásticas», organizado por la Asociación Movimiento Tiribí Limpio. Ese sábado amaneció lloviendo, frío, súper ventoso y ya en el lugar del festival se asomaba el sol poquitas veces.

Mucha gente se acercaba curiosa a ver los productos que estábamos ofreciendo, algunos compraban, otros se llevaban información y luego seguían el camino para ver las actividades culturales y las charlas que estaban organizadas para ese día. Tuve la oportunidad de compartir mucho con mis compañeros expositores.  Uno no sabe cuando un acto tan sencillo como compartir le puede cambiar la perspectiva de los seres humanos en estas épocas tan convulsas que vivimos, llena de individualidad y egocentrismo.

Compartí con Doña Pilar y Don Jose, ellos producen artesanías con bambú y cáscara de coco, dando a conocer la riqueza ecológica que tiene Costa Rica, las distintas costumbres y tradiciones del ser costarricense.; su emprendimiento se llama Artesanías ArteCoVA.

Se iba acercando el medio día, también el aguacero que iba a caer el resto de la tarde, y Doña Pilar me dijo que si no quería almorzar con ellos. En ese momento me invadió un sentimiento tan grande de gratitud, no comprendí como una persona a la que tenía poquísimo tiempo de conocer me iba a compartir, algo tan íntimo como su almuerzo. De donde comen dos, comen 3.

Por supuesto que le acepté el gallito, consistía en arroz blanco, sueltito y sabroso acompañado de un muslo de pollo en salsa con papas y ensalada de repollo con maíz.

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Mil disculpas por la fotografía desenfocada

Estaba delicioso, casero, lleno de cariño. Mientras almorzaba me puse a pensar que mucha gente siempre comenta que añoran el tiempo de antes donde más cosas buenas pasaban, donde la gente era amable con los demás y había más valores.

¿Saben qué? ¡Los valores están presentes!
La gente amable sigue haciendo actos buenos por los demás y los actos de bondad siguen sucediendo; solo que no los vemos porque nuestro ritmo acelerado de ver la vida nos ciega a ver las buenas acciones de la gente y peor aún nos ciega a nosotros mismos de ser parte de esas buenas acciones.

Tan sencillo como una sonrisa, ver a las personas con las que hablamos a los ojos,  interesarse por lo que nos cuentan, compartir momentos de calidad con nuestros seres queridos o simplemente estar ahí al lado de las personas que nos necesitan.

Esto es parte de la convivencia social en la que interactuamos todos nosotros, es el instinto humano de sentirnos hermandados con nuestros semejantes. ¿No te has puesto a pensar en esa persona que siempre te topás por la calle y pensás «Alguien debería hacer algo»?

¡Pues se vos ese alguien!

El cambio comienza con uno, un trato ameno a las personas, saludar, agradecer un servicio, disculparse. No sabemos las luchas y desafíos internos que está pasando cada uno, lo que si podemos hacer es dejar el egoísmo de lado, llenarnos de humildad y hacer lo que podamos hacer por los demás.

El sábado para mí fue un almuerzo, pero más que un alimento, fue un alimento de esperanza de que todavía hay gente desinteresada que brinda cariño y comparte lo que tiene en el momento, sin esperar nada a cambio.

El festival terminó con un fuerte aguacero, yo terminé con una invitación a Pejibaye de Jiménez para la próxima feria del pejibaye  y un cafecito caliente en la casa de Doña Pilar y Don Jose.

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Doña Pilar y Don Jose con sus artesanías.

gallito: (m.) porción pequeña de comida envuelta en una tortilla, y por extensión cualquier poco de comida.

 

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